#de revolucionarios MODAles

En nuestra mente, tenemos que, la moda es pasajera (no así el estilo. Así lo rezó nuestra adorada Coco Chanel), también que, lo elegante de la historia es ser recordado (Georgio Armani) y.… que la revolución es permanente (León Trotsky. Vale que él igual fue algo más profundo en su afirmación, pero… “dicho quedó”).

Es obvio que la teoría está más que estudiada e interiorizada y que, en estos tiempos “convulsos” que vivimos, la acción está en la calle y… ¡en la moda!

<Si observas cualquier gran fotografía
de la industria de la moda fuera de contexto,
te dirá tanto sobre lo que está pasando en el mundo
como un titular de The New York Times>

Estas sabias palabras de la todopoderosa Anna Wintour, son un fiel reflejo del tándem indivisible de la moda y su contexto histórico, y que más que outfits, los looks elegidos por actores, actrices, diseñadores o its, son vehículos para denunciar situaciones socialmente candentes o que han sido silenciadas durante (tal vez) demasiado tiempo.

Durante la PFW de 2014, Karl Lagerfeld, tomó el feminismo y el contexto histórico del Mayo Francés del 68, como esencia de su excéntrico show, y “marchó” abanderando consignas feministas honrando al máximo la filosofía más indómita de maidemoiselle Chanel.


También Maria Grazia Chiuri inauguró una “DioRevolución” con la presentación de su colección de otoño-invierno en la última París FW, con sus camisetas estampadas con el lema We should all be feminist” -todos deberíamos ser feministas- del libro homónimo de Chimamanda Ngozi Adichie.

Sin embargo, cuando la actual directora creativa de Dior, subió a la pasarela estas camisetas repletas de mensajes feministas, no hizo más que recoger el testigo que, través de la moda otras grandes mujeres inauguraron años atrás, apartándose de falsos clichés para vestir no sólo el cuerpo sino también la mente de la mujer.

Icónica, visionaria, valiente, independiente, son algunos de los adjetivos que perfilan a Coco Chanel. Ella, no sólo liberó a las mujeres de los corsés sino también (y, sobre todo) de aquellos códigos estéticos patriarcales, que aprisionaban también sus aspiraciones, regalándonos un mensaje poderoso: que la independencia, genera poder.
En el período de posguerra resaltó el ingenio de Claire McCardell, creadora del ready to wear, basado en siluetas simples y cómodas, muy prácticas -y triunfadoras- ante las restricciones en los materiales de confección textil de aquel entonces.
Años más tarde, en el King Road londinense encontramos a otra enoooorme fashionsoldier, Vivieene Westwood. En 1976 diseñó la colección “Esclavitud”: prendas con clavos, hebillas, cremalleras, correas o tachas que vistieron a la generación rebelde de los 70’s.




Y de Londres a Japón para toparnos con los revolucionarios, deconstruídos y desafiantes diseños de Rai Kawakubo que huían de la ropa sexualizada y rompían con las tradicionales ideas de feminidad occidental.
Con ese eco del pasado, y el escándalo que azota Hollywood, no es de extrañar que, en la pasada edición de los Globos de Oro, el reconocimiento al trabajo de actores y actrices, a películas y series de televisión, quedara completamente eclipsado por el firme mensaje que se ha difundido por todo el mundo a través del total noir (casi) omnipresente de la alfombra roja.

De telón de fondo, la iniciativa #TimeIsUp, integrada por más de 300 mujeres relacionadas con el séptimo arte, con el único propósito de crear un fondo millonario para asistir a las víctimas e impulsar una nueva legislación para que las empresas asuman su responsabilidad en caso de denuncias de violencia de género o discriminación.


Pero en los Oscar, algo cambió. (al menos cromáticamente). Y es que lo que allí acontece es tan decisivo para la industria del cine como para la de la moda, porque todos los estilos “esconden” una relación contractual que dejan a un lado al factor sorpresa, y esto parece motivo de suficiente peso para abandonar el luto.
Antes de que los flashes dispararan ya sabíamos que: Jennifer Lawrence luciría un Dior (porque es imagen de la maison) o que la nominada a mejor actriz, Margot Robbie, lo haría de Chanel (firma que acaba de nombrarla embajadora), y que nadie, ni por asomo, optaría por Marchesa, la firma de la ex-mujer de Harvey Weinstein. Obvio ¿verdad?.
Y así fue, erigiéndose ambas además entre las mejores vestidas en una red carpet sosa, aburrida, donde el less is more fue la excepción a la regla. Con la versatilidad de la mano, la oscarizada por “El lado bueno de las cosas” puso el punto rockero con su Dior Pre-fall de pailletes metalizados y un look beauty desenfadado.

Que nada tuvo que ver con el blanco nuclear de la nominada por “Yo, Tonya” que lució un Chanel muy sencillo, tubo con escote palabra de honor con una sobrefalda cruzada y tirantes de tul, hilos y aplicaciones brillantes con un diseño off the shoulders renovado.

Otro look a resaltar, y este sí escondía sorpresa, fue el de Saoirse Ronan y su Calvin Klein by Appointment. Sin duda fue el look candy, candy de la velada. Más palabra de honor hasta los tobillos con una mágica lazada trasera que termina en cola, todo en un rosa muuuy sweet.

En calidad de fashion-Oscar honorario, Rita Moreno sería la clarísima ganadora por rescatar del recuerdo el vestido con el que, en 1962, recogió su estatuilla dorada por “West side story”. ¡Braviiiiisima!

Sin embargo, más allá del más que obligado ranking, del Ibex escondido tras cada aparición, exprimamos los mensajes subliminales -o no tanto- que la moda nos viene regalando desde tiempos a.

Quedémonos con las voces de grandes mujeres, que jamás se silencien. No sólo los octavos del mes de marzo, no sólo cuando miles de fotógrafos shooteen. Por Frida, Dolores, Simone, Rosa… por todas.

Nai*