PARIS FASHION WEEK

Por la belleza de la ciudad, su relevancia mundial, el glamour y su profunda historia, París se ha ido convirtiendo poco a poco en el centro internacional de la moda, donde tiene lugar la cita que cierra el mes fashionista  más intenso del año.

Pero hablamos más que de moda, casi una religión (así lo explica la periodista Martina Neven), con una legión de devotos que rezan las palabras del Káiser:

“soy un misionero de la moda”.

 

Igual que Hércules llevó a cabo sus doce trabajos en un ciclo épico, en la Ciudad de la Luz disfrutamos de las doce hazañas de París, que rozaron el Olimpo y que con el resto de “héroes” llenaron de magia la capital gala.

 

Uno de los primeros desfiles fue el de Dior que celebra su 70º cumpleaños, mientras su directora creativa nada entre dos aguas: entre lo que exige el pasado de la firma, y el futuro que quiere dibujar.

Echando la vista atrás, cuando hace un año María Grazia Chiuri presentó su primera colección para Dior bajo el nombre de Todos deberíamos ser feministas (ensayo de Chimamanda Ngozi Adichi), las críticas no tardaron en llegar, acusándola de exprimir el feminismo como lema comercial.

Ahora, la diseñadora italiana convierte (una vez más) su reflexión feminista en el leit motiv de su trabajo, apoyándose en el trabajo de Niki de Saint Phalle  -descubierta en lo archivos de la maison– y en sus gigantes y coloristas Nanas que lucharon contra el patriarcado, e inspirándose también en el ensayo ¿Por qué no ha habido grandes mujeres artistas? de Linda Nochlin (1971), obra pionera del feminismo en el arte.

Así, Chiuri estampó ese título en sus camisetas de rayas marineras, que combinadas con jeans resultaban un look unisex fiel a la silueta del new look de Dior. Pero además pudimos ver más del repertorio identitario de Maria Grazia Chiuri: faldas de tul, propuestas denim, chaquetas oversize bordadas, vestidos que emulaban espejos rotos o estampados con el dragón de Komodo (print fetiche de la firma).

Desde que en 1969 Rai Kawakubo creara su marca, la constante ha sido poner “patas arriba” los cánones de género, belleza y costura de la moda.

Lejos de los rumores de un bloqueo de la diseñadora, tras su histórico paso por el Metropolitan de Nueva York, la creativa nipona nos deleitó con una exuberante mezcla de fantasías, anhelos infantiles e impresiones digitales donde explotó su vena optimista.

Con alegre contoneo desfilaron las modelos de Comme des garçons luciendo chaquetas plateadas, bodys metalizados, abrigos acolchados con flores, “sabrosas” caras de la obra de Arcimboldo o dibujos manga de Macoto Takahashi, en prendas súper voluminosas.

En las cabeza, peinados cardados adornados con todo tipo de muñecos infantiles que combinaban a la perfección con una enérgica decoración acorde con una extravagancia elevada al infinito.

El famoso jardín inglés Great Dexter sirvió de inspiración a Sarah Burton, que apostó por los consabidos códigos de la casa, heredados del mismísimo Alexander McQueen.

“… es sobretodo lo británico, estar en el jardín, la lluvia y el sanador poder de la naturaleza”

Y así vimos chicas de campo del estilo Downton Abbey, que al caer la noche sacan su lado más destroyer: gabardinas deconstruídas, encaje denim, vestidos desgarrados y mucho estampado floral, en una colección romántica con pinceladas góticas -que tan bien dominaba el diseñador inglés y  que su sucesora trata de recuperar en cada desfile-.

El resultado fue una mezcla explosiva expuesta en una colección dotada de una elegancia muy seductora, sin olvidar un componente oscuro y tenebroso que en el desfile vino de la mano del peinado de las modelos recién sacado del pantano.

Cargada de colores vibrantes, a ritmo de salsa y de cumbia, y moda urbana latina con prendas relajadas, alegres y sensuales. De este modo pisó París Esteban Cortázar con la que el colombiano sigue consolidándose tras cada temporada.

No faltaron las piezas must have del fondo de armario, prendas fluidas, camisas masculinas que contrastaban con blusas de seda con mangas abombadas. Todo muy light, muy fresco, sin renunciar al apasionado espíritu de Cortázar, donde han triunfado los tonos tierras y el negro. Un desfile seductor, alternativo y lujoso de la mano del creador más joven de la historia en desfilar en la semana de la moda de Nueva York.

En el sereno silencio de una tarde en el Palais de Chaillot de París, Nadège Vanhée Cybulski presentó una refinada colección en plena concordancia con el ADN de Hermès pero dotada de un enfoque informal para una mujer actual.

Por pasillos muy estrechos, pasearon vestidos camiseros, trenzados en faldas de cuero, patchwork en cazadoras o pantalones de punto repletos de motivos ecuestres, y accesorios impresionantes que culminaron un desfile “cuadriculado” a todo color. Pero una vez más es preciso revisar con lupa la excelente sastrería de la diseñadora, que muestra su enorme maestría en los exquisitos bordados étnicos, las minuciosas costuras en piezas de puzzle o el delicado tinte, fiel reflejo de una más que mimada artesanía -firma de la maison-.

Para la próxima temporada, Karl Lagerfeld reinventa el Chanel más pop con un toque de aires ochenteros en el corazón de la jungla. Cataratas, aguas verdosas, plantas y una pared rocosa que nos llevan hasta las Gargantas del Verdon, un idílico paraje de la Provenza francesa, que contrastaba radicalmente con el plástico de los diseños.

Por la pasarela botas, capuchas y mangas de plástico a la par que el eterno tejido Chanel multicolor dibujado en shorts, cropped tops con flecos, mini-vestidos o abrigos, que aseguraban un fantástico juego de texturas. Pero sin olvidar (jamás) lo previsible: tweed, perlas, camisas XL con lazada y denim, señas inequívocas de Mademoiselle Chanel.

El universo acuático se evidenció, además de en la gama de colores -con permiso de los tonos pastel-, en pendientes en forma de gota de agua o bolsas parecidas a medusas, y accesorios waterproof que gritaban que la lluvia no es triste.

Sin duda el legado de Coco Chanel está protegido bajo la sombra del diseñador germano, que con talento protege las huellas de quien fue dueña de diseños atractivos y de gran dominio técnico que revolucionaron la moda del siglo XX, porque… para ser irremplazable, hay que ser diferente (Coco Chanel). Y amén.




Vale que la semana de la moda es un mar de creaciones, pero el espectáculo en torno al show del desfile juega un papel más que relevante. Y Anthony Vaccarello escogió el escenario más fotografiado de la ciudad, como fondo de una colección homenaje con la que Yves Saint Laurent perpetúa su romance con París.


Así, bajo la atenta mirada de la Torre Eiffel, la noche de París se cubrió del chic sensual del diseñador belga que no olvidó los códigos de la casa (versionados): hombros anchos, blusas fruncidas, transparencias o un renovado le smoking con chaquetas sastre y pantalones de encaje.

También hubo cabida para las plumas de avestruz, el crochet o los vestidos cortos -rescatados de un viaje a Marruecos con la versión más hippie de YSL, hasta su versión más sofisticada en su atelier de París-, para looks masculinos, aires sporty, o un último paseo de Haute Couture con voluminosos tops y faldas de raso.

Otras huellas profundas, imborrables, gracias a su moda visionaria que empoderó a la mujer que liberalizó Chanel.

“la moda no solo está hecha para embellecer a las mujeres,

sino también para darles seguridad y confianza” Yves Saint Laurent.

El de Balenciaga es uno de los desfiles más esperados… y polémicos, pues no hay ocasión en la que Demna Gvasalia no provoque controversia.

Sus colecciones despiertan siempre una dicotomía constante: amor u odio, duras criticas o adoración absoluta ante su loca e innovadora visión de la moda que triunfa sin precedentes.

Para 2018, el georgiano lanza faldas de tweed customizadas con cadenas, pantalones triplemente desmontables, y sus clásicos y potentes piezas bipolares -parkas y chalecos reflectantes, gabardinas y denim, o vestidos con capas-.

Pero sin duda el reloj del desfile se detuvo al paso de una modelo con un maxi vestido amarillo y su nueva excentricidad (redobles de tambores) ¡unas crocs versionadas con plataforma y aplicaciones!. Sin embargo, los instintos de Gvasalia, nublan el universo Balenciaga que pasan por encima del legado del couturier vasco.

Tras el desfile, Suzy Menkes mencionó que nada quedaba de la imagen noble, escultural y atemporal de los hombros característicos de Balenciaga, frente al trabajo de Demna que resultaba fragmentado, desproporcionado e incluso incómodo.

Y no es de extrañar, si recogemos el aviso (o amenaza) del propio creativo de mostrar más de sí mismo, que vislumbraremos más de su estilo nómada que de la sombra del gran Balenciaga, que irá desvaneciéndose entre los oscuros bastidores de Vetements.

“…representa los tiempos que vivimos: oscuros, místicos y peligrosos donde la moda ha de ser reflejo del tiempo que vive” Demna Gvasalia

En una temporada de debuts, el de Claire Waight Keller fue el más esperado. Tras doce años del Gyvenchy más gótico con el italiano Riccardo Tisci, la diseñadora británica inaugura una era puramente chic dentro de lo cánones del clásico look de Monsieur Gyvenchi.

En una sensual metamorfosis, donde transformación y sensualidad marcaron el desfile de la ex de Chloé, vimos diseños en negro y blanco, transparencias o animal print de leopardo, quedando  patente el recuerdo a lo original de la firma con la personal interpretación de los clásicos, sobre todo la blusa Betina.

A ritmo de Mecano, repleto de recuerdos, tejidos y formas de los 80’s, donde (una vez más) el binomio blanco y negro fueron los tonos predominantes, pisó Olivier Rousteing París, cuyo desfile sirvió de antesala para el show deVictoria’s Secret y por ello fueron los ángeles más famosos los que desfilaron con prendas excesivas, barrocas, o brillantes, con plumas, encajes o volúmenes arquitectónicos, sin perder en absoluto ni la elegancia ni el lujo propios de la firma.

Para el creativo de Balmain, la próxima temporada será una fiesta de inspiraciones para una mujer fuerte y muy, muy sensual donde conviven los clásicos de la casa -chaquetas con hombreras, mini vestidos ceñidos o conjuntos de cuero o charol- con bordados, transparencias y los botines más sexys de la temporada. Sin duda, una simbiosis elegantemente sexy para una  colección empapada de potente glamour para mujeres poderosas.

Ser la hija de Paul McCartney abre puertas allá donde quiera, pero ¿quién  destacaría ahora a Stella McCartney únicamente por ser la hija del ex Beattle?

Vegetariana, fiel defensora y activista de los derechos de los animales y del medio ambiente en general, en el desfile de Stella McCartney se respiró un cautivador confort logrado a través de prendas relajadas.

Desde blazers cruzadas, tops de una sola manga, vestidos de macramé o camisas masculinas muy sexys, para mujeres seguras de sí mismas.

Por el barroco Palais Garnier, desfilaron prendas en colores flúor o denim -con efecto nevado- y extravagantes accesorios que mezclaban la estética urbana con diseños africanos o con aire vintage,  o guiños galácticos.

Puede que su éxito radique, más allá de la selección de materiales, en el binomio hombre-mujer que magistralmente da lugar a piezas totalmente femeninas que deja intuir, sugerir… seducir.

Alejado de las tendencias, Valentino Garavani fue un buscador incansable de la belleza femenina, encontrando inspiración en la elegancia y el decoro clásico de su madre, para después plasmarlo en creaciones plagadas de lazos, plumas, organzas y plisados. En París, el emperador de la moda debió pensar que lo que se hace en la vida tiene su eco en la eternidad, antes de abrazar a su pupilo Perpaolo Piccioli al finalizar el desfile que hizo lo  extraordinario, ordinario en una colección que aúna sportwear, prêt-a-porter y romanticismo, y que lo entrona como el maestro indiscutible del momento.

Dejando atrás la filosofía de una mujer lánguida, proyecta formas poderosas y recupera el color insignia -por el que abandona la gama cromática del rosa empolvado- en prendas cargadas de glamour pero modernizadas con plástico, lentejuelas y estilo athleisure, donde las chaquetas fueron las verdaderas protagonistas, en un desfile cargado de yuxtaposiciones, con fusiones únicas y sutiles entre seda, lycra, purpurina y redecilla.

Nai*